Reflexión

¿Por qué no debemos excluir a nadie?

Para comprender lo que era la lepra en aquellos tiempos tendríamos que pensar hoy en el sida.
¿No recordamos los casos en que los padres se han negado a que sus hijos tuvieran como compañero en el colegio a un niño seropositivo? Desde el punto de vista médico, esa actitud no se justifica. Pero desde el punto de vista social, el sida produce temor.
De ahí las actitudes excluyentes e intolerantes. Jesús no tiene miedo de tocar al leproso. Sólo el acto de tocarlo tiene ya un valor curativo: lo reconoce como persona, lo acepta en sociedad. Para que aprendamos a no excluir nunca a nadie. Porque todos son hijos de Dios.

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